Mudanza

Hace ya un par de semanas que empezamos a preparar los cambios. Sin llegar a convencerme el estado actual de la plantilla, parece que ya es hora de actuar contra la recentralización y buscar la autogestión del blog :). Así que, a partir de ahora y de momento, más en:

http://asincronia.com

Se ruega actualicen sus feeds 😀

A partir de ahora, esta cuenta en wordpress.com quedará a la deriva.

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Tecnografías: Relatos o Barbarie

Fin-del-industrialismoRecientemente, volvió a aparecer la teoría del peak oil y a dar vueltas por los blogs de David y Juanjo. La mentalidad industrialista colapsa en ese momento en el que la aparición de una perspectiva distinta amenaza y solo le queda chocar o integrarse con el polo opuesto del discurso. No hay lugar para posturas que reflejen el cambio de las necesidades de una forma post-industrial que no cuantifique la riqueza en toneladas sino en el valor añadido, incluso llega a parecer que la mejora del rendimiento de los procesos es perjudicial. Todo aquel que no crea en el próximo advenimiento de la castástrofe es un ciego e insensato, solo queda el paternalismo y el moralismo en nombre de estandarte imperial del decrecionismo. Pero aparecen otros relatos distintos.

El análisis de los mapas del presente nos permite, ante todo, intentar entender cual era el futuro y en contexto que pretende construir aquel que los ha dibujado. Recuerdo que recientemente recogíamos en Resiliencia! una noticia que venía a decir:

Gracias a la nueva tecnología para extraer gas natural, EE.UU. ha conseguido descubrir grandes reservas de petróleo que contradicen la teoria de Peak-Oil

¿La aparición de esta noticia nos está posicionando?¿Estamos dando nuestra opinión? No. Se están  intentando trazar de vuelta los mapas que construyen e influyen el futuro. La aparición de conceptos relatos y necesidades lleva a la construcción de distintos futuros que influirán en aquellos que quisieron trazarlos, los que se adhirieron, los que encontraron un hueco en ese futuro, los que se dejaron arrastrar y los que reaccionaron. La sola aparición de cierta información ya está condicionando lo que le rodea.

De esta forma aparece el petróleo aparece como un gran contexto en el que se desarrollan las historias y relatos de personas, instituciones y grupos dentro del mapa en el que ellos mismos se posicionan y tal y como comprenden su entorno. Un contexto tecnológico que continúa su evolución, tal y como se aprecia en la gráfica de The Economist que enlazábamos.

Prevision-the-economist-peak-oil¿Pero qué se ve en la gráfica? ¿Un cambio de tendencia?¿Un milagro que contradice a los catastrofistas? No. Lo que estamos observando no es más que la evolución de distintas tramas que influyen en algo que mostramos en un gráfico con una sola variable -y para comenzar, una previsión-. Nada nuevo. Lo que ocurre con el petróleo no es otra cosa que la obsolescencia tecnológica. Los medios con los que se trataban los hidrocarburos, sus formas de extraerlo y sus necesidades varían. La aparición de nuevos elementos en la trama cambia la perspectiva con la que la observábamos.

Las condiciones cambian, la disponibilidad, precios, dificultades geopolíticas o la insuficiencia técnica para determinados procesos hace que aparezcan nuevas ideas que empujan a los distintos personajes a encajar la nueva situación en su propio relato y se creen nuevas curvas de innovación que generan el cambio de tendencias. Tramas que en principio no debían de ser observadas en una sola línea temporal, sino que surgen espontáneamente en distintos puntos y orientadas hacia la construcción de distintos relatos: GNL, fracking, GLP, arenas bituminosas, biocombustibles… distintas sagas que intentan construir tramas que alteren los contextos previos. No todas triunfarán y no conocemos a todas las que han fracasado, pero la voluntad derivada de las necesidades de los personajes por alterar la tecnología -a si mismos-  hace que esta gráfica asimile las nuevas tramas dentro del gran contexto del petróleo, nuevas formas de extracción y aprovechamiento alteran las gráfica de producción, tramas secundarias han pasado al discurso del contexto generalizado.

Parece que busque justificar e incluso me satifaga de las perspectivas de “destrucción planetaria” que tenemos por delante, pero hemos de ver las tecnologías, al igual que los diseños, desde una perspectiva evolucionista y orientada a las necesidades reales de la situación que las circunscribe, y que rodea a los que quieren construir un relato de futuro a su alrededor -y este sería su medio ambiente al que se adaptan-. Obviamente pretender construir visiones proféticas -tecnológicas- a través del universalismo supone el mayor fallo de diseño posible. Una tecnología surge y evoluciona conforme llega su momento y triunfa en función de su potencial adaptación al medio -llamémosle mercado, por  ejemplo-, triunfa por su usabilidad.

Pero la unión de todos los contextos alrededor de la energía no nos lleva a que se nos presente un futuro en el que vivamos rodeados de quemadores incesantes de todo nuestro sobrante y abundante hasta el infinito Gas Licuado de Petróleo. Otras tramas crecen en paralelo a todas las anteriores y raro es el día que en el Resiliencia! no hable de aerogeneradores, generación solar o coche eléctrico: distintas y nuevas formas de aprovechamiento energético que carecen de poder salvífico -al menos por si mismas-. No hemos de olvidar que el petróleo también era la alternativa que necesitaba la costa oeste norteamericana de evitar la dependencia a un carbón del que no disponía.

¿Me estoy cargando la investigación básica? No. Que una idea, un pequeño relato personal e investigador no haya alcanzado la masa crítica para saltar a competir por pasar de ser una simple trama menos que secundaria a parte del contexto -y no se haya adaptado al medio/mercado- no implica que no necesite de la elaboración de su propio relato de forma individual y con previsión. Me comentaba en tiempos un compañero de despacho todo el proceso que implica el sistema de publicación científica en revistas y cómo esto en la potenciación y triunfo de unas visiones frente a las demás. Este tema al que podríamos darle de comer aparte no hace más que evidenciar cómo aparecen y desaparecen tramas y contextos enteros. Resumiéndolo:

  • Las ramas de investigación  que más fondos reciben o tienen capacidad de recibir son aquellas que, obviamente, parecen mejores. La forma de cuantificarlo: el número de artículos al respecto publicados.
  • Una nueva rama/visión/investigación tendrá dificultades para acceder a las revistas “más valoradas” que al final, son las que cuentan para cuantificar la bondad de una tecnología.
  • Estas revistas tienen viven en una situación claramente monopolística sobre lo que publican, son pocas, y reunidas en todavía menos editoriales. Son grandes, fácilmente capturables.
  • El interés del narrador de un relato o su mera financiación de una tecnología lleva a que proliferen los estudios sobre ella y que accedan a  revistas más artículos y se posicionen en el punto de mira. Estamos preparándonos para una explosión en ese campo.

Sin pretender criticar el daño que hace al sistema el drama de las escalas, el ejemplo de la ciencia es fácilmente extrapolable al sector industrial. Un ejemplo: todos habeis seguido fervorosamente el proyecto Curiosity y pocos saben qué es Gaia. Curiosity es mercadotecnia, pero también es un relato, una historia mejor contada -y que generará no poca ayuda a los proyectos de NASA-.

Cuando se echa la vista atrás a esta entrada lo que se ve no es más que cómo las historias y relatos tecnológicos se dibujan sobre los mapas que trazábamos antes, y cómo estos están entrelazados, los contextos tecnológicos modifican cuál es el mapa que deseamos trazar para nuestro futuro al igual que nuestra cartografía modificará los planos diseñados para adaptarse a él.

Trazar tecnografías parece ahora  imprescindible para prever cuáles serán las tramas que nos interesarán para el futuro que deseamos construir en nuestro relato. Al igual que sucede con las fuentes con las que tratamos en el Resiliencia!, y aunque muchas veces se escape de su radio de acción, sería necesario también mantenerlas bajo vigilancia.  Los caminos que llevan a la construcción de tecnologías con potenciales radicales de cambio se puede intentar prever, analizar y potenciar, porque esa es la facultad principal de las tecnografías: poder pasar a la construcción de un relato, adaptar los contextos y tramas que se amoldan a las necesidades de un grupo concreto para la escritura de un relato propio. Por ello, mi camino alrededor de las conversaciones sobre decrecionismo y peak oil fue buscar sensaciones, intentar ahondar en la blogosfera ingenieril para encontrármela triste y despoblada. Reaccionaria y a la espera de que las conversaciones las lleven otros, sin una voluntad clara de crear relatos, víctima incompasible del industrialismo en todas sus ramas clásicas.

Para crear el relato que adapte los contextos tecnológicos a nuestras necesidades es imprescindible la voluntad de construirlo. Y la forma de hacerlo es mediante la búsqueda vertebradora de las condiciones que den lugar a una buena conversación. En las construcciones de nuestro futuro solo tenemos dos opciones: Relatos o Barbarie. Barbarie, del indianus, balbucear.

PS: Para contar cuentos, y por último,  dice la leyenda que la potenciación del ecologismo no es otra que el miedo a la abundancia que comunismo aparentaba y que la historia la comenzaron las reuniones del Club de Roma… leyendas las hay para todos los gustos.

PPS:¿Cuántas veces he dicho necesidades? Quizá sea un término importante para crear un númen propio, un relato no-universalista, metamórfico, fractal y útil.

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Vino e imperio

Hace ya dos semanas Antonio publicó un artículo que pretendía juzgar cómo la moralidad implicita y las costumbres de una sociedad condicionan la aceptación o estigmatización del uso de unas sustancias sobre las otras para pasar a observar el alcohol como una sustancia cualquiera más.

En su día le comenté de forma extendida mis apreciaciones, con una longitud que casi roza los límites de la netiqueta, pero que dejé alli con la intención de que se generase debate en los comentarios del artículo. Como era una idea interesante, pensé en transcribirlo a una entrada por aquí… muy al hilo de las reposiciones monotemáticas semanasantiles: hablar de la influencia de la religión en semana santa parecía contraprogramar a las carreras de cuádrigas de Ben Hur y lo fui dejando, pero ayer, releyendo dos artículos quedó claro que era interesante preservarlo por escrito.

Si le echamos un ojo a los artículos que suele publicar Antonio, suelen girar en torno a cómo la aparición de la visión mística y sacramental en una comunidad suele estar ligada a rituales necesarios para afianzar la vida de un individuo y unirlo dentro del relato de su comunidad. Así la alteración de los estados de conciencia y percepción mediante sustancias psicoactivas están áltamente ligados a su experiencia mística.

El individuo se somete a situaciones en las que su percepción del entorno que le rodea se ve alterada y modelada, lo que le permite comprender la existencia de otras perspectivas alteradas, abrirse la puerta a la existencia de otras formas de percepción y compartir experiencias alteradas con su comunidad. Este tipo de ritos y sus catalizadores son generadores de mitos y de un relato en una comunidad religiosa, generan una conversación y un diálogo: justifican la existencia de la comunidad e incluso sus percepciones jerárqucas o su posibilidad para asumir papeles y roles sociales determinados.

Por ello, es altamente interesante cómo, frente a lo que podrían hacer otras culturas mediterráneas predecesoras, el cristianismo adoptó el vino como sustancia sacramental. Catolicismo implica, por su propia traducción desde el griego, universal. Cuando una rama religiosa del cristianismo se impone como “universal” declara sus intenciones de expansión y su voluntad de ser aplicable para cualquier grupo, no desde una postura posibilista, sino imperialista.

La voluntad de poder mantener una doctrina que rija las vidas de una comunidad religiosa a muy gran escala implica la necesidad de control y mantenimiento de dicha doctrina, su evolución ha de estar controlada de forma central para evitar distintas evoluciones de la doctrina en función de las perspectivas que cada comunidad aplicando sus preceptos pueda hacer cambiar por el mero uso. Esto no es tan descabellado, la apelación medieval a la herejía no es tan poco común y es que, en una época con grandes deficiencias comunicativas dentro del imperio religioso, las comunidades reales que experimentan su espiritualidad dentro de un grupo tienden a generar sus propios mitos y su propia forma de expresarla.

Para que la religión pase a estar al sevicio del imperio, es necesario generar una centralización y estandarización de cuáles son los hechos místicos y religiosos aceptados, un grupo de normalización central que acepte cuáles son los rangos de la experiencia mística aceptada dentro de la doctrina “universal”. Es por ello que el acceso a la ritualística católica queda lejos del creyente habitual y se queda encerrado en las élites formadas, testigos y censores de la entidad reguladora central, generándose un gran imperio de dominación moral -y de esta moral, estas leyes- con una fuerte fractura social entre la élite formada con acceso al conocimiento y la experiencia sagrada frente al creyente individual.

¿Qué tiene que ver esto con el vino? El vino no solo entra a colación por ser una sustancia con una apreciación social distinta por estar implícita dentro de los preceptos morales del catolicismo en nuestra sociedad, sino que también es curiosa su adopción como sustancia psicoactiva del ritual cristiano.  La experiencia milagrosa en los últimos siglos es pequeña, la espiritualidad se aleja y en parte esto puede ser debido al uso del vino como sustancia con pocas posibilidades de generar sustancias de cercanía espiritual y, por tanto, de generar un volumen de milagros controlable e hilvanable dentro del, ya no relato sino manual, de la ortodoxia religiosa.

La alteración de la percepción en el individuo dentro del ritual católico, está dominada por el uso de una sustancia cuyas capacidades para alterar la percepción del individuo no son capaces de generarle una expereciencia de interacción con el entorno ni la creación de lazos comunitarios e identitarios fuertes ligados exclusivamente a los que allí formaron parte de ese ritual. De esta forma, la elección del vino podría ser una herramienta fuerte del imperio. Evita que la apertura de las puertas de la percepción en el creyente le hagan capaz de cabalgar su propia experiencia mística. De esta forma se cancela la posibilidad de la creación del mito en la comunidad real, se evita la posibilidad de sedición religiosa derivada de la propia forma de entenderse como individuo dentro de un grupo. Se evita el fortalecimiento de una visión propia dentro de cada parroquia, que se disuelve como grupo dentro del Imperio Católico evitando que tenga sus peculiaridades comunitarias.

¿Fué el vino una forma de generación de imperio? Lo que está claro es que cuando se adoptó como religión de estado, el número de creyentes era escaso y no existía probablemente una doctrina fuerte que defender. La dominación de la doctrina llegó con la necesidad de generar una sociedad marco común para todos los ciudadanos bajo la fuerza del cristianismo, prefijando un influjo moral y por tanto legal dentro de las tierras europeas antes y después de la caida del Roma.

Es probable que las comunidades pequeñas previas a la llegada del catolicismo normativo tuviesen independencia y sentido de grupo. Que creasen sus propios mitos comunitarios. Pero dejaron de ser comunidades para ser absorbidos por el imperio o condenados por herejía, y la herejía implica la oposición política. La comunidad de pequeña escala, el grupo no sometible, estaban en peligro y eran el mayor enemigo de aquel que deseaba la expansión del imperio. Una cosa parece clara, y es que las comunidades de transición entre el cristianismo primitivo y el catolicismo imperial no necesariamente tendrían una ritualistica igual a la del catolisismo actual.

Precisamente este tema lo rescaté ayer por la noche a raiz de leer a Bernardo Gutierrez  sobre como el uso de las redes sociales de la Iglesia muestra una visión de la realidad en la que no tienen nada que aprender de nadie y, sin embargo, mucho que enseñar (bueno, igual por twitter parece que no lo llevan muy bien según Bernardo). La iglesia, la que se estructuró para mantener un imperio, es incapaz de romper la verticalidad de sus formas y de comprender el mundo que le rodea. Los grandes son débiles porque su verticalidad tambien los hace lentos.

Esta crítica mía, toma fuerza con el artículo de David, que lejos de tirar la necesidad de ceremoniosidad, muestra que el rito, influye en nuestra forma de interacción con el resto del grupo y por tanto, el rito pre-fijado, estipula las condiciones de nuestra interacción dentro de nuestra comunidad según los preceptos de aquel que estipuló las condiciones del rito y los mitos. Frente a ello, la posibilidad de abrazar una ritualística propia, una serie de actos que vertebren nuestra forma de involucrarnos dentro de un grupo, pasan a ser una herramienta vertebradora siempre que el propio grupo sea el que crea sus mitos. El imperio temerá menos al abandono de los mitos que a la ceremoniosidad hereje, que implica la negación de la definición de “católico” y pasa de universal a real.

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Tempum pro pensare in alius formum

grua+tolva2In passitus septimanum, in venus, ego necesit umbraculum pro unus itum ab egus mobicum et sensit quod  ego non habat scriptita in hic album ab egus advenita ad Bellusvada.

Hic borensus mesium ego habat vidita tollenos laborando matinem. Fabricarios ubi laborit quidque estit crasus construatores. Fabricatores qui creit pasitus crasitas.

In passitus saturnus dium, nos habat incipita indianus cursum. Hic septimanum nos didicit quod pro fabricare crasitas, pensare in alius forma necesem est.

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El UFO distribuido vencerá a la ONU

Devil Girl from MarsNo me voy a poner a discutir sobre MOOCs porque ya lo han hecho mucho mejor de lo que yo podría y mi uso no ha ido mucho más allá que el equivalente en vídeo a leer un libro. El libro puede ser bueno o puede ser malo, pero no puedes juzgar un método educativo habiendo leido dos libros.

La cuestión es que estaba viendo la última lección de un curso introductorio a la Astrobiología y, para placer de todos nosotros los que buscamos cosas que empiezan por “astro-” porque sabemos que hacen que todo suene mucho mejor, la última lección ha sido una elucubración un análisis sobre cómo sería un posible contacto con una civilización extraterrestre. ¿Esto no sería ya astrodiplomacia?

La cuestión, y esto no es falso, es que la ONU ya debatió si era el interlocutor legítimo en caso de invasión/visita. De esto hace casi 60 años y era la época dorada del cine de ciencia ficción dura donde los marcianos invadían la tierra (aay, los 50). Sin entrar a debatir si las naciones-estado como escala intermedia podrían votar y decidir legítimamente el mensaje común de paz y amor que representaría a toda la humanidad, lo que realmente me asusta es que la Universidad siga planteándose las cuestiones en este ámbito y rango de amplitud. No pensando en marcianos, pensando en el día a día.

Parece que no se enteran de que mientras la ONU se atascaría intentando llegar a un consenso sobre el mensaje a entregar y quién saldría en la foto, muchos individuos anónimos ya habrían tenido sus primeros contactos con los aterrizajes de los UFOs distribuidos por todo el planeta. Mucho más rápido y sencillo, mucho menos manipulable.

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Líneas de frontera y la institución como bastón

Un vermú en Zaragoza relaja los periodos de transición y siempre sirve para ponerse al día y hablar de academicismo y estática social en un lugar donde el estoicismo se convirtió hace días en resignación.

Hablar sobre la propia universidad es un tema bastante habitual cuando coincides con quienes todavía están metidos bien adentro, pero sorprende ver cómo un doctorando, aquel que debería tener todavía esperanza en el sistema, coincide contigo en ella como un destructor de pasiones, libertades, ímpetus y creatividad; de cómo la parcelación y las carreras de larga distancia que se convierten en un ejercicio mecánico de resistencia que acaban transformando estudiantes comprometidos en cualificados buscadores de trabajos huidizos sin expectativas, planes, esperanzas o rutas. Solo queda el lloro y la pataleta.

Sin motivación o rutas, no nos queda otra solución que la institución como bastón. La búsqueda del Estado o su institución equivalente en el campo que estemos tratando como soporte que de seguridad y nos marque el camino a seguir, o nos de soporte y estatus por nuestra mera pertenencia.

Esta sensación se acentúa cuando llegas a grupos cerrados procedentes de los monopolios estatales, estoy pensando en los colegios profesionales -uno de mis eternos odios-, donde los miembros se consideran una élite impenetrable y corporativista la cual te impide trabajar en un campo si no eres parte de la asociación obligatoria -pese a estar titulado- y que te impide responsabilizarte de tu trabajo pese a tu cualificación -si no estas certificado-, cosas de los monopolios en el marco estatal, pero esa era otra cuestión.

La idea que me rondaba la cabeza no era el elitismo procedente de la colegiación, aunque sí que estaba ligada con las carreras que no conceden “capacitaciones profesionales” por el desprecio automático que sufren por parte de algunos “gremios” mediante la reducción argumentativa de “ese libro te lo puedes escribir en tu casa”, en concreto, relacionado con la Historia, campo de estudio de mi compañero de cervezas al almuerzo.

Y es que el prestigio en una época de gigantes parece venir de la necesidad de grandes instituciones y corporaciones en las que apoyarte. El historiador corrobora: “si no tienes una gran universidad -y prestigiosa-  detrás no eres nadie”. Vivimos en un tiempo en el que los papers del que parece el único proyecto científico interesante están firmados en muchas ocasiones por varios cientos de personas simultáneamente -me refiero a un anillo que acelera unos positrones entre suiza y francia, o algo por el estilo-. Parece que el conocimiento tiene que estar hecho por átomos humanos que componen la materia de la “comunidad científica”: ser uniforme y pensante al unísono. Pero sin embargo, estos trabajos de los grandes institutos -universidades, empresas…- aportan la depuración y comprobación de un trabajo laborioso, pero rara vez ya innovador y rompedor.

Los saltos, los grandes avances, puede que se den al amparo de una institución que actúe como bastón, pero casi nunca son desde el interior de un grupo de trabajo gigantesco, sino de pequeños equipos flexibles con una idea casual y brilante: como en los viejos tiempos de los inocentes Newtons, que no eran sino aristócratas ociosos y no empleados del conocimiento al amparo de la institución segura que te ha de arropar.

—Ya lo sabes, en las líneas de frontera está siempre el cambio —me comentan.

—Y ningún grupo gigante y desdibujado, estable y por ello ralentizado puede estar en una línea de frontera.

Y todo para decir que no sabemos como hacer que en la universidad el alumno debe de ser a la vez cliente y patrón, como en la vieja Bolonia, porque solo así, y quizá con otro nombre distinto al de universidad, podrá formar estudiantes apasionados y que no necesiten del bastón de la institución, sino que vivirán en la línea de una frontera que van expandiendo en el mapa.

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No me sea usted barroco

Hoy es un día de esos en que te llama tu madre para preguntarte si este blog es tuyo. ¿La pista definitiva? No es que ponga “pablo” y salga mi foto cada vez que comento. Ya lo decía mi profesor de historia del insitituto: “si es que tienes que ser menos barroco”. Debe ser que es bastante reconocible mi incapacidad para no ligar una frase con la siguiente y para usar los puntos y seguidos.

Así que quizá sea un momento para abrirse, los que somos torpes escribiendo no podemos cambiar nuestra forma innata de redactar, pero sí que puede que sea el momento de dejar el escapismo mísitico y mitológico barroco y comenzar, con este blog, a construir un relato visible y no anónimo. Una herramienta de diario para ponerse por escrito y repensarse sin miedo.

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Cartógrafos en una época de geotectólogos

¿Cuál sería nuestra visión de lo que nos rodea si no hubiésemos tenido un mapa? Nuestra percepción del entorno está condicionada áltamente por cómo nos lo imaginamos, dónde y cómo ubicamos cada uno de sus elementos y sus formas.  Los métodos cartográficos ha evolucionado y mejorado, hasta el punto en que creemos que podemos posicionarnos corréctamente en cualquier lugar del globo y que no queda lugar del cual tengamos incertidumbre ante su forma, posición y orografía. Vemos e imaginamos lo que nos han enseñado dibujado reiteradas veces.

La vida antes de nuestra actual percepción “universal” y “única” del mundo tal y como nos lo han mostrado debería de ser extraña. Tengamos en mente esos mapas difusos, “deformados” y abstractos antiguos plagados de monstruos en sus confines, imaginemos que nuestra realidad fuese la definida por ellos y que, más aún, no todo el mundo hubiese visto algúna vez uno. La percepción de su entorno para muchos vulgares sería una serie de topónimos cuya posición y distáncia sólamente se conoce como estimación procedente de una tradición y costumbre oral. En ese contexto encontrámos a los últimos exploradores y cartógrafos que fueron más allá, ante lo indefinido y lo dibujable, hacia situaciones de inseguridad y curiosidad. Ante todo, el mapa tal y como lo conocemos: inmutable y permanente transmite la sensación de seguridad necesaria para la búsqueda de estabilidad y la reticencia a la búsqueda del cambio en lo colindante.

Los cartógrafos crearon contornos en los que crear contextos en su interior, vivieron una experiencia alejada de la protección de lo inmutable. Pero lo inmutable no es tal sino una construcción estandarizada.La proyección del mundo que nos han mostrado tiene un nombre como todo buen constructo teórico (y este suele ser Transverse Mercator).  Es imposible tomar un geóide, o incluso una esfera, y proyectarlo de forma que este transcriba con todas sus propiedades la realidad, las construcciones geográficas de nuestra cabeza conllevan una elección que no hemos hecho y es qué queremos sacrificar a la hora de proyectar nuestro mapa, qué es lo que debe tener preferencia y qué debe quedar empequeñecido, y esta discusión ha llegado incluso a un ámbito tan superficialista como el geométrico, para que la estructura informacional imperante impusiera su mapa, y por tanto, su visión del mundo.

El mapa que se nos presta delante e imbatible está plagado de líneas y colores, es dificil concebirlo sin ese aspecto de puzzle desmontable. Que el mapa tal y como lo conocemos, y por tanto la estabilidad de la realidad estaba cambiando ya era una cuestión evidente, pero sin tener muy claro si el cambio geométrico era un simple aplanamiento. Las estructuras y las distancias evolucionan en un mundo donde quizá ya no vienen definidas por una medida geométrica sobre un plano, los puntos cercanos unos a otros ya no son los puntos próximos en el mapa, sino que estas nuevas métricas necesitan otras variables como las relaciones entre personas, los intercambios comerciales  o la capacidad de conectividad tecnológica.

La búsqueda de seguridad nos hace agarrarnos a un puzzle donde las formas de las piezas pueden variar con el tiempo, pero siguen constituyendo un intento de estado dentro de la pertinente omnisciencia de los estados-nación como regla nemotécnica para su definición rápida. Pero estos conceptos se escapan y diluyen en un transfondo donde los actores y sus relaciones han cambiado y donde la métrica se ha deformado.

Un paso más adelante, una vez descompuesto este discurso nos encontramos con el mundo narrado por Stephenson en “La era del diamante: Manual ilustrado para señoritas“, dónde el mapa ha cambiado, pero no determinado por la aparición de geotectólogos capaces de cambiar la geometría de las tierras y de hacer aparecer islas y atolones donde antes no los había. El mapa ha cambiado porque han cambiado el tipo de agrupaciones entre los individuos y entre los individuos y su entorno territorial. Éste se ha desgajado, si no se examina bien, en unas pocas grandes “phyles” (en la traducción en mis manos) y unos tetés desheredados.

Estos nuevos contextos y grandes filés suponen las nuevas estructuras económicas y relacionales una vez extinguido el modelo estatal, muchas veces herederas de un nacionalismo tardío y basadas en relaciones ético-religiosas (confuncianismo y antirelativismo neovictoriano podrían ser un ejemplo) que se caracterizan por dotar del mito y la estructura económica necesaria a grupos de personas que siguen lejos de pasar a vivir en una comunidad totalmente real. Los males se reproducen o mantienen, los neovictorianos con sus jerarquías accionistas y sus ingenieros entrenados para no definir los problemas que quieren resolver, sino para operar mecánicamente ante unos requerimientos impuestos para la producción clónica negando el trabajo imaginativo y liberador del hacker a todo aquel que no pertenezca a una élite “bespoke” trabajando sobre diseños a medida del usuario; en el resto de grandes phyles, poco más que fanatismo religioso, leyes viejas y demás fantasmas.

Pero frente a estos nacionalismos artificiales (si puede haber algo maś artificial que un nacionalismo, mejor llámenseles tardíos), encontramos pequeñas phylés donde la escala y el trabajo se humanizan, un paso post-estatal más cercano a la visión que nos da “Filés: de las naciones a las Redes“, la voluntad de construir un entorno y la necesidad de unos mitos comunes que aglutinen a la nueva comunidad, que generen su trasfondo y les doten de una leyenda/historia para que alrededor de la mesa pueda haber conversación y no el silencio de los que no saben qué contarse, sin olvidar una estructura económica que le sustente, una motivación productiva.  Estas pequeñas filés donde ya el territorio y los asentamientos no son imporantes, donde el nomadismo da un paso más frente a los vestigios sedentarios del estatalismo.

El futuro que nos narra Stephenson no es una visión estática, es el proceso de recomposición tras la descomposición, o la descomposición definitiva, donde metafóricamente el hilo y excusa narrativa es el robo y la liberación de un producto cerrado tecnológico, un libro que desea formar a su lectora y darle la potestad de construir sus propias herramientas críticas, un manual de rebeldía que no deja de ser un camino de encuentro y formación progresiva.

Volviendo al presente, el proceso de descomposición efectivo se hace ya evidente, las guerras ya no son enfrentamientos de honor entre territorios etiquetables, las primeras guerras contra enemigos difusos se han alargado tanto que ya nadie recuerda si las motivaciones políticas de los nuevos actores necesitaron una estructura económica para mantenerse o fue esa estructura económica la que generó su agenda pública. Los viejos mitos estatales necesitan ponerle cara y nombre a un enemigo que no son capaces de conocer, a una guerra a la que no son capaces de generar ninguna épica y donde las relaciones diplomáticas han cambiado su definición y sus intermediarios.

Ante esto, podemos ser atemorizados lectores de mapas ajenos  o buscar las nuevas geografías que cartografiar. Más aún, todavía tenemos la posibilidad de ser una casta de neo-cartógrafos que documenten los cambios que ellos mismos han hecho en el paisaje, sin olvidar que las nuevas geometrías fractales son infinitas y por tanto, inabarcables en universalidad.

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Compiladores de materia y el potencial “radical” de la máquina en la pequeña escala

Primero, música.

[vimeo:http://vimeo.com/56017345%5D

Y mientras tanto…

La impresión tridimiensional, la fabricación por control numérico mediante fusión de fundente, o como le queramos llamar, no es algo para nada nuevo. La tecnología es sencilla y supone tomar la esencia de cualquier fresadora de control numérico y sustituir un útil que extraiga material por otro que añada.

El motivo por el que la tecnología se ha convertido en un suceso mediático actualmente (con noticias en los medios de información industriales que, como siempre, van con retraso) y en una leyenda utópica para muchas de las perspectivas de los grupos “activistas” no es otra que la que supone la aparición de discografías de guerrilla o la proliferación desmesurada de fotografos presuntuosos. Las revolucion tecnológica de los últimos años han permitido abaratar herramientas impensables al público general. Unido a la aparición de internet y a comunidades que trabajan dentro de proceso equivalente al del software libre han aparecido modelos de impresoras 3D de bajo precio y fácil acceso. Pero no nos engañemos, hace años que la industria tenía aparatos similares para procesos de prototipaje rápido.

La cuestión no es si esta tecnología es nueva o vieja o si símplemente esta basada en una patente expirada, sino que ha alcanzado una masa crítica de conocimiento que la ha preparado para una ecolosión inminente y una extensión y normalización de su uso, que paulatinamente nos acercan a la revolución industrial artesana y casera que nos anticipaba Karson.

Este lunes me pasé por un taller que contó con gente de Clone Wars, una de las “agrupaciones” que más estan contribuyendo al proyecto Reprap. Arduino surgió porque profesores universitarios se dieron cuenta de que se podían hacer cosas más allá del material docente y formativo existente, los precios podían cambiar y volerse accesibles para motivar a los estudiantes a no ser receptores pasivos de información. Clone Wars, paralelamente también surgió por la parte de costes, aunque también de flexibilidad, al ser recurrente la dificultad para realizar la parte mecánica de las construcciones robóticas necesarias para la docencia. Llegaron así las primeras impresoras 3D a la Universidad Carlos III, mediante un profesor con ganas y una asociación de estudiantes.

Sin voluntad de publicitar ni el proyecto concreto ni la universidad, que se reduce a ser un lugar donde estas experiencias son anécdotas de hackers dispersos en una maraña de itinerarios formativos para la preparación de empleados al estilo victoriano (no me voy a ahora en esto). Pero la experiencia, ante todo me sorprendió.

Se usó la impresora, se comentó su funcionamiento y los estándares, se habló de software apropiado y de formatos soportados, de cómo se imprime por láminas y de porqué es necesario un lecho térmico para obtener buenos resultados de impresión.

Pero ante todo, me sorprendió gratamente la perspectiva dada desde la parte “tecnopolítica” de forma velada. La exposición fue clara. La producción p2p es una realidad abierta y el horizonte supone una producción no solo distribuida, sino también bajo demanda, con la mediación del propio consumidor. Hasta aquí es sencillo, lo más complicado fueron declaraciones a veces no tan evidentes en los sectores cercanos al “activismo madrileño”, como admitir claramente que el non-commercial no es una licencia libre y que el potencial comercial no solo no es malo, sino que implica la competitividad y usabilidad del desarrollo realizado, así como la generación de riqueza en el entorno (de Clone Wars han surgido dos empresas y el encargado de impartir el taller  lo decía con orgullo, en un sitio en el que quizá no sea tan habitual escuchar discursos así, como es el CSA Patio Maravillas, lugar que por otro lado me parece más que interesante, son una comunidad de gente establecida que se responsabiliza más allá de la mera adhesión)

El discuso abierto y distribuido y anticentralizador grato chocó con mi reciente lectura de un artículo de la segunda edición de la revista Estudios llamado “El potencial utópico de la máquina en la pequeña escala [PDF]“. El discurso que me encuentro ya venía avisado por el uso del término “utópico” en el título. Utópico otorga épica a cualquier discurso o voluntad, le da un sentido y una orientación, es un camino esperanzador a seguir. Pero generalmente lo que encuentras tras él es una propuesta salvífica y universalista. Un discurso cerrado. El discurso.

El artículo comienza intentando buscar el poder libertador de la tecnología, hecho evidente para los que creemos que la forma de producir y los medios de comunicación son los que condicionan las estructuras de poder de una época, pero el texto juega en arenas movedizas preguntándose absurdos como:

Pero aun en este caso es posible considerar cómo artefactos como la lavadora suponen un ahorro de trabajo al tiempo que una inclusión en el hogar de una operación que antes se realizaba fuera, en ríos o en edificios públicos, en  compañía de otras personas que hacían de ese espacio un lugar de reunión.

Aparece ese ideal pobrista, autarquista y anti-tecnológico del que peca tan habitualmente la “izquierda” veintesiglista. Pero no, el discurso acepta que la producción individual llevaría al excedente y quiero entrever atisbos de la economía del regalo como fondo de la cuestión, pero se siguen empleando eufemismos como los términos “Tecnologías Apropiadas” para referirse a un idílio de máquinas “buenas” (para con la sociedad, el medio, o cualquier otro factor que entre en el esquema de determinados autores). Ah, y el miedo a hablar de mercado sigue presente, no olvidemos que es una publicación del entorno anarcosindicalista, pero seamos sinceros, profundizando en el asunto los más militantes se suelen dar cuenta que ante la destrucción del estado y el establecimiento en comunidades de libre adscripción, para evitar una imposición de factores a producir y una centralización de la economía, algo tiene que aparecer, aunque nos de miedo llamarle mercado.

Sin haber profundizado en este artículo sobre la esencia de este potencial “utópico”, he preferido titular este post como “radical”, frente al universal utópico aparece el radical como un potencial distinto, capaz de hacer cambiar enfoques y circunstancias, capaz de buscar los orígenes y sustratos para remodelarlos y orientarlos hacia un nuevo camino en manos de su ejecutor.

Vivimos tiempos donde el óptimo de escala productivo se va disminuyendo, los colectivos y masas amorfos  se dibujan y gracias a esta disminución de la escala sus trazos se vuelven nítidos y obtienen una forma definida, individualizada, pues no olvidemos que las estructuras de poder estan relacionadas tanto con la estructura iformacional, como con la capacidad tecnológica (llámale tejido empresarial, factores productivos o, algún día en el futuro, ocupaciones).

Hemos de evitar que aparezcan elementos que recentralicen los sistemas productivos, un único y adorado repositorio de productos físicos sería la perdición para la producción p2p, un verdadero facebook, una enciclopedia con el conocimiento bueno y aceptado de la humanidad, una única humanidad para un único futuro.

Compiladores de materia es un término que aparece en La Era del Diamante de Neal Stephenson. Estos dispositivos nanotecnológicos son capaces de producir en cualquier casa prácticamente cualquiero cosa por adicción atómica, átomo a átomo y cuyo suministro viene dado por una “toma”, la Toma, una única toma con un único catálogo. El garante para la estabilidad del mundo construido. De eso hablaremos en otro momento.

Ahora estamos en el camino hacia las  redes distribuidas de personas, hacia la destrucción de los valores nacionales y laborales a los que parece que vamos encaminados y, creo, será paralelo a la disminución de la escala productiva, que será un proceso progresivo. Lo cual no quita para que seamos radicales, radicalmente realistas.

PS: Vale, la calidad de los “vinilos” no es muy alta pero aún así me ha impresionado, aunque hemos de tener en cuenta que se han hecho con una impresora industrial de alta calidad. Cuestión de tiempo. Aún así he de reconocer que el chico tenía muy buen gusto.

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Nota: Este artículo se me publicó antes de tiempo (yo símplemente quería guardar un borrador), lo comencé ayer antes de salir de casa y no lo he retomado hasta esta mañana. Sin embargo, los dos comentarios de Juanjo y David fueron realizados habiendo leido sólamente los dos primeros párrafos del mismo. Después este post ha estado oculto hasta que lo he terminado. Perdonad.

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Órbita de invierno

Tras demasiado tiempo sin asiduidad escribiendo, me siento culpable por el aparente abandono que tiene el blog y por no “ejercitar cotidianamente” esa sana costumbre de poner las ideas de una forma ordenada, buscando nexos, puntos y explicaciones más allá de la lectura superficial que se le suele dar a la información.

Tras el aletargamiento otoñal siempre suele costar encotrar una excusa lo suficientemente memorable para recomenzar. No la hay en este caso. Pero esta mañana se ha vuelto a cruzar por mi cabeza una idea que lleva rondándome por la cabeza desde mis tiempos de universidad (sí, vale, no hace ni seis meses) y es la cuestión del lanzamiento espacial de bajo coste como pieza fundamental para el fin del monopolio estatal del “Espacio Ultraterrestre“.

En el espacio, como en el mar, siempre fue dificil delimitar las fronteras, pactar una distancia a la perpendicular a la línea de costa fue la solución arbitraria marcada allí (bueno, aproximando su distancia a cañonazos). Pues bien, hubo que poner una distancia en vertical que dijese en qué momento los estados ya no podían adueñarse del espacio aéreo. No era práctica la vertical infinita, allí las cosas dan vueltas pasando por arriba y hombre, una cosa esta clara, si no puedes derribarlo, allí termina tu ejercicio de la violencia sobre lo que hay por encima de tu cabeza. Esta es otra historia, no del todo resuelta, otro parche histórico.

Pero claro, lo utraterrestre, es como ultramar. Un desconocido, una aventura, una llamada a la curiosidad, el reto, la exploración y un gran recurso. Un comunal empleable (con cuidado) que puede reportar grandes beneficios, no sólo científicos, sino imprescindibles a un nivel desarrollista, desde el geoposicionamiento a la comunicación, el seguimiento de ganado y la previsión de catástrofes.

Los puertos hispalenses del presente se llaman Kourou, Cabo Cañaveral, Baikonur y algún que otro desconocido más. Pero los monopolios estatales sobre el comercio con Ultratierra están a punto de finalizar.

Ya se empezó a prever hace años la capacidad espacial de empresas privadas como SpaceX, que no dejaban de ser herederas de las grandes corporaciones que hasta ese momento habían sido contratistas de las agencias aeroespaciales estatales. La misma esencia, pero dejándoles poner la pegatina “marca de la casa” a lo que llevaban haciendo muchos años (subcontratar proyectos pŕacticamente íntegros).

El concepto podía cambiar, ¿satélites como un camión de grandes?. La disminución del tamaño, y por tanto del precio, permite inversiones más arriesgadas, y por ello más experimentales y con tecnología más puntera por un menor tiempo de desarrollo. Costes más bajos disminuyen la barrera de entrada y permiten jugar a emprendedores, pequeños centros de investigación y a eso llamado “paises en vías de desarrollo”.

Pero el muro a saltar, la última gran barrera, sigue siendo fletar el barco. Llegar a Ultratierra no es barato. Mastodontes que levantan las tres mil de toneladas de su propio peso y ya de paso dos o tres de una sonda espacial salen muy caros.

Tras este rodeo, llego al iniciador de este post. Dándole vueltas a la cabeza descubres que si China es capaz de derribar un satélite con un misil pequeño lanzado desde un avión relativamente normal, el peso que podía haber llevado arriba en explosivo ¿por qué no iban a ser uno o dos kilos de silicio y plástico? Pues bien, nunca le acabas calculando la posible rentabilidad a un proyecto así, pero la solución es tan evidente que otros lo hacen por ti. Y así me he encontrado hoy a una pequeña empresa (una de tantas, estoy convencido) que ya ha comenzado el proceso para subir proyectos en un estimable “bajo coste”:

[youtube:http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=KQE-33oAILQ%5D

No es una idea del todo nueva, desde Gando, en las  Canarias ya lanzaron usando un avion un cohetillo de 23.000kg que no era el primero de su especie, pero aquí las tornas han cambiado.

Puede que este no sea el camino, como ya nos adelantaron Gibson y Sterling en Estrella Roja, Órbita de Invierno, los globos llevarán a los primeros colonos tras la muerte de los sueños de colonización estatal. Los hackers del espacio llegarán a la órbita en el invierno de los kosmogrados de la Tierra y la Ultratierra.

A esta órbita hemos llegado y venímos aquí para quedarnos.

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