Humanos, más humanos

Come código y muere

Manifiesto de la zorra mutante de VNS Matrix

Acostumbrado como estaba yo a una sci-fi más clásica me he encontrado en Mirrorshades historias sin un futuro distante utópico dónde la humanidad ya desconoce su planeta de origen, como en las novelas de Asimov, y sin los marcianitos verdes de Cronicas Marcianas. En cambio lo que he podido observar es un futuro real, factible, la visión de una evolución temprana que parece la dirección natural a la que podía tender los tiempos ochenteros, dónde la transición de la percepción social hacia las drogas parece orientarse hacia lo que creían ver Hoffman y Leary cuando empezaron a emplear el LSD de forma medicinal, con una evolución de los años del capitalismo desenfrenado de los 80 hacia las Zonas de Libre Empresa que, de facto se convierten en zonas territoriales de diversas corporaciones (tal y como llevó al extremo Miller en Give Me Liberty). Una evolución punk de la sociedad, llevar el No Future al propio futuro.

En Mirrorshades veo rutinariedad, el futuro dista de ser algo grandilocuente y maravilloso, es algo habitual, la ciencia ha evolucionado, las costumbres han cambiado; en este futuro hemos interiorizado la tecnología, tanto que incluso esta literalmente dentro de nosotros, pero todavía no estamos adaptados, es un periodo interesante, de transición, vease Snake Eyes y los problemas que supone el haberse converitido en cyborg y las reticencias del nostágico Rickenharp. Estamos en un futuro rutinario, más parecido al presente que a la épica de la clásica ciencia ficción, dónde la política y la tecnología hibridan. Dónde aparecen los problemas derivados de una mala adaptación a la nueva técnica.

Me esperaba una carga política distinta, más parecido a lo que he leido en vuestras reseñas a Islas en Red, dónde parece mostrarse un futuro donde personas han comenzado a vivir en su propia autonomia pluriespecialista, pero hablo desde el desconocimiento, pues lo tengo todavía en la interminable lista de “cosas por leer”.

Se nos muestra un mundo donde la voluntad de futuro se ha convertido en una voluntad tecnológica, pero no sobresaturada, donde las situaciones y percepciones son habituales y dónde el ser humano escasamente ha conseguido escapar de las estancias orbitales como frontera. También me sorprende no encontrar ningun relato donde aparezcan realidades superadas gracias a la tecnología o la recreación de la propia vida, una segunda vida, en la red, una realidad virtual, un second life. Pero aún así encontramos realidades personales aumentadas, se es más humano con la propia ampliación del cuerpo, se generan nuevas realidades corporales al poder ser cerebro de aviones convertidos en cuerpo con sus propias sensaciones o donde “pecadores” son capaces de sentir y potenciar la música de una forma totalmente distinta, pero plenamente integrada en su normalidad.

Encontramos racismo y no hibridación, en petra (relato algo distinto) vemos el miedo a lo diferente y una sociedad de tinieblas, en Zona Libre se nos presenta el clásico ideal de la isla artificial libertaria donde se vuelven a reproducir leyes moralistas y aparatos policiales violentos y represivos. Drones nos sobrevuelan y espian, nuestra vida está monitorizada, bueno, espera, esto ya lo hace google. Se nos presenta un individualismo fragmentado que pese a ello tiende a replicar en todos los individuos las mismas costumbres propias del sistema y el consumo, muy parecido a nuestra dinámica postmoderna.

Me gusta la idea de que volver a contemplar el pasado para ver como se quería representar el futuro, cómo queriendo construir y ser futuristas, adelantándonos a nuestro tiempo acabamos construyendo un presente, un hoy más aerodinámico (me hace gracia el uso de este término, la aerodinámica es interesante hasta que te la tienes que estudiar en la universidad :-P). También es recurrente la pérdida de la Historia en algunos casos, el hecho de que ser historiador sea un trabajo fascinante, perdidido o erudítico.

Finalmente en Mozart con gafas de espejo se ve como la voluntad de explotar los recursos hace explorar los mapas no linealmente, sino en el tiempo, creando un nuevo futuro cíclico, donde el Tiempo Real casi pierde su sentido y donde se puede observar una nueva colonización cultural.

Mirorshades no tiene moraleja.

-Qué asco de mundo, ¿eh? […] Pero podría ser peor, ¿eh?

-Desde luego o, incluso peor, podría ser perfecto

[W.Gibson. El continuo de Gernsback]

Por otro lado, leyendo el Manifiesto Ciborg de Donna Haraway quiero volver ver una voluntad por alterar la linealidad del presente, de generar nuevos paradigmas y romper con las estructuras actuales, ser los “hijos bastardos” del “capitalismo patriarcal y del militarismo” que no esperan a continuar el legado de lsus padres. Quizá el cargado lenguaje feminista me estaba pareciendo algo anquilosado, una voluntad de generar identidades cerradas similares al concepto de clase, de generar una nueva identidad, menos fracturada, de mujer, de crear una identidad política femenina; pero considero más interesante la visión de la necesidad del erradicar lo anquilosado de las identidades históricas, la posibilidad de ser ciborgs fuera de una informática de la dominación, sin necesidad de partidos de vanguardia.

Su crítica feminista como voluntad de liberación femenina no me resulta tan interesante como la perspectiva de la superación y de la evolución, de hacer entrada de nuevos conceptos, quejandose así mismo del victimismo como herramienta inútil y de las construcciones femisnistas socialistomarxistas. El manifiesto ciborg, con sus peros y sus altibajos, más allá de la superación de los roles de género, es la voluntad de crear  nuevas conciencias y nuevas escalas de valores.

Ya somos ciborgs, nuestra realidad y percepción está ampliada, aprovechémoslo.

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4 Responses to Humanos, más humanos

  1. Hay un CPK literario antes de «Días verdes en Brunei» y otro después, igual que hay un movimiento CPK antes y otro después de las guerras yugoslavas y Linux. El primero desconfía del uso totalitario que corporaciones y estados harán de las nuevas tecnologías y le enfrenta la figura del hacker/cracker/vaquero de consola, el segundo piensa alternativas comunitarias. Hay excepciones, claro: «Islas en la red» es ochentero y «Estrella Roja Orbita invernal» deja ver el poder de las comunidades hacker cuando llega la familia «buscando frontera».

    Esa pata de denuncia, nunca quedó atrás del todo. Mira simplemente la bitácora de las Indias y los posts sobre Google desde 2009 denunciando la recentralización y el «cruce del Rubicon»

    Compartimos tu visión del ciberfeminismo, a las finales un universalismo más… pero que vio algo importante: somos ciborgs. No es poco. Y es que a fin de cuentas en esta primera etapa del itinerario, estamos en los primeros ochenta. Maggie Thatcher y Boy George, Ronald Reagan y Sidney Laupper, los rusos acaban de invadir Afganistán y el Spectrum es la revolución en Europa Occidental.

    • me dice:

      Seguiré leyendo algo de ciberpunk, aunque solo sea por pasar el rato, ahora empezaré con neuromante, que lo ví en una biblioteca y no puedo desarpovechar la oportunidad de leer en el maravilloso y analógico formato libro ^^. Y a comparar.

      Por cierto, me reitero, en caso de ser necesario, echadme en cara las cosas que hago mal, si estoy yendo demasiado despacio, etc.

  2. Pingback: De mi silencio, la feed de itinerantes y el conflicto de género « asincronia

  3. Pingback: Tecnografías: Relatos o Barbarie | asincronia

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