Piezas de museo

Esta semana se ha podido leer en El País un artículo titulado: “El 15-M como pieza de museo”, título que leido con maldad (cosa que dudo se pretendiese, viniendo de la línea editorial de que lleva el diario estos días) parece indicar la relegación del quincemismo a un lugar en la historia en el que aparece como el último monumento a los movimientos contestatarios reactivos. Una obra a la honra de todos los anteriores cambios y avances producidos mediante el planteamiento de quejas y la voluntad de actuación mediante la protesta que fuerce el cambio de funcionamiento en un gobierno regidor.

El planteamiento claro es si esta es la última de las ensañanzas de funcionamiento del método político de aquellos que querían cambiar el sistema mediante la presión o la intervención en el mismo en una suerte de socialdemocracias (o anarcosocialdemocracias) varias. Un pasado para contemplar y respetar, pero el punto de inflexión hacia una metodología en la que los cambios no se consiguen mediante una simple pataleta y un lloro, sino articulando tu propia  realidad distínta a aquella que no te llega a convencer.

Dentro del quincemismo ha habido una suerte de realidades internas poco interesantes. Muchas de ellas pasaban por la idea de la necesidad inviolable de constituir un sistema estructurado y democrático mal generador de escasez y rigidez al discurso. Hay quienes han querido construir una marca de acción uniforme, ha habido quienes todavía consideran que el “movimiento” es el superheroe universal que solucionará nuestros problemas y todo ello mediante la búsqueda de manifiestos y más manifiestos y un par de manifestaciones difusas.

Pero personalmente lo más interesante y quizá lo menos aireado del mal llamado “movimiento” está lejos del gran discurso de los medios e incluso de la opinión pública, no tengo nada que defender, pero las verdaderas fuentes de riqueza de lo que allí se cuece está en la diseminación de grupos que al final lo más interesante que aportan y por lo cual los podría venerear es la creación de entornos de diálogo, han tenido la posibilidad de convertirse algunas personas (digamos que en sus asambleas de barrio) en pequeñas comunidades conversacionales, que más allá del halo de universalismo y de las horas perdidas buscando su propia “solución universal” y del fantasma del dospuntocerismo han conseguido convertrise en un grupo cercano, consolidado, unido por un compromiso real.

De estos grupos realmente podrían salir y saldrán voluntades participativas, partes realmente interesantes, spin-offs autónomos capaces de generar su propia realidad y construir un entorno más cercano a la democracia económica, es cierto, llevamos demasiado tiempo esperando a que esto ocurra y que se hagan presentes estas realidades que ya no necesitan de los ídolos y símbolos del quincemismo para sentirse una comunidad autónoma.

El camino llevado no es malo, las pequeñas asambleas están cada vez más distribuidas, el contacto entre ellas no pasa necesariamente por ese intento recentralizador que era la Asamblea Popular de Madrid y se convierten en nodos conversacionales (físicos) de una red con sus propios contactos internodales y su funcionamiento, de ahí a la necesidad de cambiar el discurso desde la más simple protesta a la construcción de realidades autónomas comunitarias (y no simples cooperativas de apoyo de parados) aún queda un largo camino, pero de esos dialogos, de esas horas de charlas, estoy convencido que se están derivando individuos hacia su propia identificación y busqueda de un trabajo más acorde a sus pasiones y constituyente de una comunidad real. Pero como ocurre con las cosas pequeñas e individuales, prácticas y no ayudadas por las grandes instituciones, esta gente seguirán siendo una suerte de riqueza anónima. Ah, y por favor, huyamos del (eco)catastrofismo.

Es por tanto este ha de ser el punto final del llorismo como herramienta política, del victimismo y este debe quedar destinado a los museos. Un pasado para recordar desde la distancia. Y es que estos días encontré una cita interesante en un artículo llamativo para provenir de un ambiente quincemista que contaba como Michael Collins expresó: “desde ahora actuaremos como si la República Irlandesa fuese una realidad. Combatiremos al Imperio Británico ignorándolo. No seguiremos sus reglas, inventaremos las nuestras”. Guardando las distancias con un nacionalista del IRA, la visión está clara. El presente ha de estar influenciado por el futuro y aquellos que deseen un futuro concreto tendrán que trabajar sobre el mismo, habremos de crear nuestras propias realidades.

Y en medio del fervor globalrevolucionario de mayo nos encontramos con propuestas que realmente articulan un futuro distribuido, consciente con el procomún y con una voluntad de cambio y regeneración. La verdadera evolución de mayo la encontramos en propuestas que quieran extender la economía del P2P y el empoderamiento cooperativo, de forma directa, mediante la propia voluntad y es que, contra la crisis, ¡Revolucoción industrial P2P ya!. Para comprenderla no hace falta más que leer todas las referencias de este maravilloso resumen.

Comenzar a desarrollar las estructuras que rompen con la dictadura económica del asalaramiento y potenciar el desarrollo de una cultura del procomún solo se puede hacer de una forma y es entrando en acción, pero no mediante la súplica sino mediante el trabajo. Estamos hablando de Acción Directa.

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4 Responses to Piezas de museo

  1. Qué maravilla de post, fra! Va de cabeza no sólo a enlaces indianos sino a la entrada sobre quincemismo de la Indianopedia

  2. Pingback: ¡Hazlo!¡Hazlo pequeño!¡Hazlo P2P! « asincronia

  3. Pingback: 15M: un año después

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