Órbita de invierno

Tras demasiado tiempo sin asiduidad escribiendo, me siento culpable por el aparente abandono que tiene el blog y por no “ejercitar cotidianamente” esa sana costumbre de poner las ideas de una forma ordenada, buscando nexos, puntos y explicaciones más allá de la lectura superficial que se le suele dar a la información.

Tras el aletargamiento otoñal siempre suele costar encotrar una excusa lo suficientemente memorable para recomenzar. No la hay en este caso. Pero esta mañana se ha vuelto a cruzar por mi cabeza una idea que lleva rondándome por la cabeza desde mis tiempos de universidad (sí, vale, no hace ni seis meses) y es la cuestión del lanzamiento espacial de bajo coste como pieza fundamental para el fin del monopolio estatal del “Espacio Ultraterrestre“.

En el espacio, como en el mar, siempre fue dificil delimitar las fronteras, pactar una distancia a la perpendicular a la línea de costa fue la solución arbitraria marcada allí (bueno, aproximando su distancia a cañonazos). Pues bien, hubo que poner una distancia en vertical que dijese en qué momento los estados ya no podían adueñarse del espacio aéreo. No era práctica la vertical infinita, allí las cosas dan vueltas pasando por arriba y hombre, una cosa esta clara, si no puedes derribarlo, allí termina tu ejercicio de la violencia sobre lo que hay por encima de tu cabeza. Esta es otra historia, no del todo resuelta, otro parche histórico.

Pero claro, lo utraterrestre, es como ultramar. Un desconocido, una aventura, una llamada a la curiosidad, el reto, la exploración y un gran recurso. Un comunal empleable (con cuidado) que puede reportar grandes beneficios, no sólo científicos, sino imprescindibles a un nivel desarrollista, desde el geoposicionamiento a la comunicación, el seguimiento de ganado y la previsión de catástrofes.

Los puertos hispalenses del presente se llaman Kourou, Cabo Cañaveral, Baikonur y algún que otro desconocido más. Pero los monopolios estatales sobre el comercio con Ultratierra están a punto de finalizar.

Ya se empezó a prever hace años la capacidad espacial de empresas privadas como SpaceX, que no dejaban de ser herederas de las grandes corporaciones que hasta ese momento habían sido contratistas de las agencias aeroespaciales estatales. La misma esencia, pero dejándoles poner la pegatina “marca de la casa” a lo que llevaban haciendo muchos años (subcontratar proyectos pŕacticamente íntegros).

El concepto podía cambiar, ¿satélites como un camión de grandes?. La disminución del tamaño, y por tanto del precio, permite inversiones más arriesgadas, y por ello más experimentales y con tecnología más puntera por un menor tiempo de desarrollo. Costes más bajos disminuyen la barrera de entrada y permiten jugar a emprendedores, pequeños centros de investigación y a eso llamado “paises en vías de desarrollo”.

Pero el muro a saltar, la última gran barrera, sigue siendo fletar el barco. Llegar a Ultratierra no es barato. Mastodontes que levantan las tres mil de toneladas de su propio peso y ya de paso dos o tres de una sonda espacial salen muy caros.

Tras este rodeo, llego al iniciador de este post. Dándole vueltas a la cabeza descubres que si China es capaz de derribar un satélite con un misil pequeño lanzado desde un avión relativamente normal, el peso que podía haber llevado arriba en explosivo ¿por qué no iban a ser uno o dos kilos de silicio y plástico? Pues bien, nunca le acabas calculando la posible rentabilidad a un proyecto así, pero la solución es tan evidente que otros lo hacen por ti. Y así me he encontrado hoy a una pequeña empresa (una de tantas, estoy convencido) que ya ha comenzado el proceso para subir proyectos en un estimable “bajo coste”:

[youtube:http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=KQE-33oAILQ%5D

No es una idea del todo nueva, desde Gando, en las  Canarias ya lanzaron usando un avion un cohetillo de 23.000kg que no era el primero de su especie, pero aquí las tornas han cambiado.

Puede que este no sea el camino, como ya nos adelantaron Gibson y Sterling en Estrella Roja, Órbita de Invierno, los globos llevarán a los primeros colonos tras la muerte de los sueños de colonización estatal. Los hackers del espacio llegarán a la órbita en el invierno de los kosmogrados de la Tierra y la Ultratierra.

A esta órbita hemos llegado y venímos aquí para quedarnos.

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2 Responses to Órbita de invierno

  1. 🙂 La cuestión es… ¿qué servicios se podrían ofrecer mediante un microsat atractivos para pequeñas comunidades, ciudades y proyectos? Ahora mismo hay capacidad industrial sobrante, la posibilidad de usarla es un atractivo en si mismo para nosotros (aprenderíamos), pero qué les ofreceríamos a los «compradores»? Qué retorno tendrían?

    • pablo dice:

      ¡Esa es la parte complicada! y mira que debería ser a la inversa, primero encuentras el problema y luego la solución. Es una vergüenza que casi todos los pequeños proyectos espaciales sean símplemente por apariencia y que repitan los mismos experimentos de campo magnético y microgravedad. Aunque hay cosas interesantes en comunicaciones, gestión de la contaminación, observación ambiental y esas cosas.
      Pero la idea de la órbita de invierno, y de cómo evoluciona hasta ser esa gran ciudad archipielago espacial Sión (sí, en mi cabeza son una evolución lógica) es más, quizá, un concepto que un requerimiento del proyecto.
      Pero este tipo de preguntas son las que encuentran respuestas con algo de sudoración 😉

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