Líneas de frontera y la institución como bastón

Un vermú en Zaragoza relaja los periodos de transición y siempre sirve para ponerse al día y hablar de academicismo y estática social en un lugar donde el estoicismo se convirtió hace días en resignación.

Hablar sobre la propia universidad es un tema bastante habitual cuando coincides con quienes todavía están metidos bien adentro, pero sorprende ver cómo un doctorando, aquel que debería tener todavía esperanza en el sistema, coincide contigo en ella como un destructor de pasiones, libertades, ímpetus y creatividad; de cómo la parcelación y las carreras de larga distancia que se convierten en un ejercicio mecánico de resistencia que acaban transformando estudiantes comprometidos en cualificados buscadores de trabajos huidizos sin expectativas, planes, esperanzas o rutas. Solo queda el lloro y la pataleta.

Sin motivación o rutas, no nos queda otra solución que la institución como bastón. La búsqueda del Estado o su institución equivalente en el campo que estemos tratando como soporte que de seguridad y nos marque el camino a seguir, o nos de soporte y estatus por nuestra mera pertenencia.

Esta sensación se acentúa cuando llegas a grupos cerrados procedentes de los monopolios estatales, estoy pensando en los colegios profesionales -uno de mis eternos odios-, donde los miembros se consideran una élite impenetrable y corporativista la cual te impide trabajar en un campo si no eres parte de la asociación obligatoria -pese a estar titulado- y que te impide responsabilizarte de tu trabajo pese a tu cualificación -si no estas certificado-, cosas de los monopolios en el marco estatal, pero esa era otra cuestión.

La idea que me rondaba la cabeza no era el elitismo procedente de la colegiación, aunque sí que estaba ligada con las carreras que no conceden “capacitaciones profesionales” por el desprecio automático que sufren por parte de algunos “gremios” mediante la reducción argumentativa de “ese libro te lo puedes escribir en tu casa”, en concreto, relacionado con la Historia, campo de estudio de mi compañero de cervezas al almuerzo.

Y es que el prestigio en una época de gigantes parece venir de la necesidad de grandes instituciones y corporaciones en las que apoyarte. El historiador corrobora: “si no tienes una gran universidad -y prestigiosa-  detrás no eres nadie”. Vivimos en un tiempo en el que los papers del que parece el único proyecto científico interesante están firmados en muchas ocasiones por varios cientos de personas simultáneamente -me refiero a un anillo que acelera unos positrones entre suiza y francia, o algo por el estilo-. Parece que el conocimiento tiene que estar hecho por átomos humanos que componen la materia de la “comunidad científica”: ser uniforme y pensante al unísono. Pero sin embargo, estos trabajos de los grandes institutos -universidades, empresas…- aportan la depuración y comprobación de un trabajo laborioso, pero rara vez ya innovador y rompedor.

Los saltos, los grandes avances, puede que se den al amparo de una institución que actúe como bastón, pero casi nunca son desde el interior de un grupo de trabajo gigantesco, sino de pequeños equipos flexibles con una idea casual y brilante: como en los viejos tiempos de los inocentes Newtons, que no eran sino aristócratas ociosos y no empleados del conocimiento al amparo de la institución segura que te ha de arropar.

—Ya lo sabes, en las líneas de frontera está siempre el cambio —me comentan.

—Y ningún grupo gigante y desdibujado, estable y por ello ralentizado puede estar en una línea de frontera.

Y todo para decir que no sabemos como hacer que en la universidad el alumno debe de ser a la vez cliente y patrón, como en la vieja Bolonia, porque solo así, y quizá con otro nombre distinto al de universidad, podrá formar estudiantes apasionados y que no necesiten del bastón de la institución, sino que vivirán en la línea de una frontera que van expandiendo en el mapa.

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3 Responses to Líneas de frontera y la institución como bastón

  1. Bravo!! Bravo!! Y muy bien traídos los enlaces de Jorge y Exetia!

    • me dice:

      El vermú es lo que tiene, que empalaga para todo el día hasta que lo pones por escrito. Y más aún cuando tienes buenas fuentes y compañía interesante. 😀

  2. Pingback: Modo de Producción P2P #5 | Infraleves

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